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Julián Vergara

Lo llamaron "prototipo de ariete" y en verdad que estuvo siempre en la vanguardia. En la delantera de sus equipos, marcando goles como nadie; en la historia del fútbol navarro, adelantándose una y otra vez a su tiempo. Con los 17 años sin cumplir, Julián Vergara, todavía apodado Vergarica, empezó a llamar la atención de un equipo que asombraba a toda Navarra.

Ingresó en el club con 13 años y en cuanto subió a la primera plantilla se convirtió en el jefe sin oposición: su capacidad innata para ver puerta hizo de él la referencia indiscutible de sus compañeros. Pero de aquel Erri-Berri de 1930 duró bien poco, pues dos años después acudió a él Osasuna para llevárselo a Pamplona, con sólo 19 años. Vergara debutó en Segunda División contra el Murcia en la temporada 1932/33, y en esa misma campaña empezó a dar lecciones: en el estadio Metropolitano endosó cinco goles al Atlético de Madrid, con los que logró para Osasuna una contundente victoria (1-5).

En la capital navarra, el delantero acrecentó sus virtudes futbolísticas y colaboró en la consecución de un éxito sin precedentes (el asecenso a Primera, 1934/35), lo que motivó que el Barcelona se interesara por él. Era cuestión de tiempo que se marchara. En 1940, el club azulgrana pagó 80.000 pesetas (casi 500 €) por el fichaje del olitense, la primera gran venta de Osasuna.

El jugador estuvo una temporada en el Barcelona y regresó al club rojillo donde inició un periodo de inestabilidad. En un plazo de seis años, Vergara jugó en Osasuna, en el Costanza de Inca (Mallorca), de nuevo en Osasuna y por fín en el Escoriaza de Zaragoza, con 34 años. Después de aquello volvió a Olite para retirarse, aunque su despedida se alargó bastante: en la temporada 1952/52 jugó el derbi contra la Peña Sport con 38 años.

 

 

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